Emprender: una tarea de titanes

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¿Qué impulsa a algunas personas a emprender? Aunque las razones pueden ser muy diferentes (dedicarse a lo que verdaderamente apasiona, entrar por cuenta propia a ese mercado que se conoce bien, madurar esa idea de negocio original todavía no explotada o, simplemente, por tradición familiar), hay ciertos rasgos que son clave para garantizar el éxito del proyecto: el valor de poner en marcha una empresa propia y la perseverancia y la determinación necesarias para desarrollarla.
 
Si eres emprendedor o quieres serlo sabrás que esto requiere de un trabajo constante, paciente y voluntarioso, en el que es primordial identificar, diseñar y planificar las metas que quieres conseguir. También es importante saber que, a lo largo del camino de esta apasionante aventura, es muy probable encontrar obstáculos que, mal afrontados, podrían alejarte de la meta o, incluso, llevarte a renunciar a ella.
 
Desgraciadamente, esto último ocurre con más frecuencia de los que nos gustaría: según un estudio de la Universidad Pompeu Fabra, dos de cada tres emprendedores abandonan su proyecto sólo cuatro meses después de haberlo iniciado. Como muchos sabemos, aprender a convivir con la incertidumbre, la ansiedad y el estrés, es el día a día de un emprendedor; y esto no es tarea fácil.
 
Para evitar sucumbir ante las adversidades, es imprescindible realizar un buen auto-análisis previo, tanto interno como externo. Comenzar por una evaluación personal es vital: la base de tu proyecto eres tú y por ello es fundamental realizar ese diagnóstico de tus recursos y capacidades. ¿Cuáles crees que son tus principales habilidades? ¿En qué puntos crees que puedes mejorar?
 
Recuerda que todas las habilidades pueden aprenderse y mejorarse; atrévete a liberar tu potencial, a alcanzar tu máximo desempeño y a eliminar los temores que frenan tu éxito. Ten claras tus motivaciones, lo que te mueve y lo que te da energía. Lo necesitarás para recargarte de optimismo y vitalidad en los días grises, porque en el trayecto los habrá y tienes que estar preparado para ello.
 
Tómate el tiempo necesario para trazar tu plan e incluye todos los pasos inteligentes que necesitas dar: aquellos que te enfocan a la acción y a los resultados, esas acciones específicas y concretas que son imprescindibles para llegar a la meta y aquellas que te permitirán sortear con eficacia las piedras que encontrarás en el camino. También te puede servir de ayuda investigar las claves de éxito y de fracaso de otros emprendedores.
 
En cuanto a tu entorno, asegúrate de comprender bien el terreno en el que te vas a mover: tu empresa se desarrollará en un entorno cambiante y competitivo y, por tanto, serán muchos los factores que influirán en ella.

El arte de emprender es tarea de titanes. Por tanto, es fundamental tener muy claro el juego en el que estás inmerso, y ello requiere de un profundo conocimiento y gestión del entorno, pero también de tus emociones, pensamientos y acciones, para poder ir acortando poco a poco la distancia entre el querer y el poder.
"En el mundo sólo triunfa quien se levante y busca las circunstancias, creándolas si no las encuentra." (George Bernard Shaw)

¿Cuál es tu talento?

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Entre los motivos por los que algunas personas no alcanzan el éxito, hay uno que me llama especialmente la atención: el desconocimiento o la gestión ineficaz del talento propio. Podríamos definir el talento como esa tendencia natural hacia lo que nos gusta, nos mueve y nos hace sentir bien; ese algo que todos poseemos aunque muchos no seamos conscientes de ello, llegando a creer que no tenemos ninguna habilidad especial o que el talento es cosa de otros.

Si ese es tu caso, si piensas que no tienes talento o aún no has conseguido identificarlo, debes saber que existen maneras de descubrir esas capacidades que todos, insisto, todos tenemos en nuestro interior. Aunque te resulte curioso, puedes encontrar muchas de ellas en lo más cotidiano. Piensa por un momento en aquello que te gusta, eso que harías sin cobrar o por lo que estarías dispuesto incluso a pagar.

Me refiero a cualquier actividad con la que disfrutas ahora o puede que disfrutases ya en la infancia. Aquello que se te da especialmente bien, te motiva, haces con ilusión, te hace disfrutar hasta conseguir que pierdas la noción del tiempo; eso que haces como si lo llevases haciendo toda la vida, para lo que tienes una destreza especial o que desempeñas sin excesivo esfuerzo. Quizá sepas escuchar, tengas facilidad para aconsejar, demuestres una gran destreza para organizar, sobresalgas en el arte de comunicar o en el de la escritura, por poner algunos ejemplos.

Sólo tienes que pararte a observar con atención para advertir tus habilidades o, si esto no te da resultado, puedes usar una alternativa: recurrir a las personas de tu alrededor. En ocasiones, a ellas les resultan evidentes aptitudes que ignoramos tener o no ponderamos adecuadamente. Sin embargo, puede que aun así ni tú ni tu entorno seáis capaces de descubrir esas facultades por encontrarse más ocultas.

Para estos casos, existen ciertas herramientas (el coaching es una de ellas) que pueden ayudarte no sólo a identificarlas, sino también a trabajarlas. Es fundamental tener claro que, aunque todos tenemos talento, éste se debe entrenar para poder llevarlo a la excelencia. Jose Antonio Marina, filósofo, pedagogo y una de las mentes más brillantes de nuestro país, define el talento como “el buen uso de la inteligencia”. Es muy importante identificar lo que te hace único, auténtico y diferente, pero igual de importante, o quizá más aún, es trabajarlo con dedicación, compromiso, constancia y esfuerzo. Descubrir y desarrollar tu talento depende sólo de ti, de si realmente estás dispuesto a poner en valor lo que sabes, puedes y quieres hacer.

Aunque aún no seas consciente, tus talentos están ahí, ocultos (o tal vez no tanto), esperando a ser descubiertos y entrenados para contribuir a tu realización y bienestar personal. Sé valiente, muévete, busca tu talento, practica, ponlo en valor y muéstralo al mundo.



“Todo el mundo tiene talento: es sólo cuestión de moverse hasta descubrirlo. Un talento es una combinación de algo que te gusta mucho, algo que no te parezca trabajo y algo para lo que tengas la capacidad natural de hacerlo bien” (George Lucas).

Coaching de Equipos: Fundación Española de la Tartamudez

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Hoy 22 de octubre se celebra el Día Internacional de la Tartamudez. ¿Sabías que esta gran desconocida es una característica que comparten Mahatma Gandhi, Albert Einstein, Jorge VI, Winston Churchill, Anthony Hopkins, Julia Roberts o Marc Anthony? Quizá te sorprenda también saber que en España son 800.000 las personas que tartamudean, y que muchas de ellas están en riesgo de exclusión social.

Recientemente, he tenido la suerte de trabajar con el equipo directivo de la Fundación Española de la Tartamudez gracias al Proyecto de Coaching Solidario de Fundesem Business School, liderado por Liliana Brando, en el cual colaboro como coach voluntaria. La Fundación, que trabaja desde hace más de diez años para conseguir la normalización de la tartamudez, luchando por la integración social y laboral de este colectivo, ha querido realizar un proceso de coaching de equipo a través de este proyecto, con el fin de mejorar aún más su nivel de excelencia.

Susana Rubia-Coaching de Equipo-Fundación Española Tartamudez-Fundesem
El coaching de equipos es, básicamente, un programa de acompañamiento del equipo hacia la consecución de sus objetivos, realizando actividades que aumentan su cooperación y ayudándoles a revisar y mejorar sus métodos de trabajo.

En este tipo de procesos la misión del coach es la de actuar como catalizador, acompañando y guiando al equipo hacia la reflexión para poder tomar consciencia de cómo y dónde está actualmente con respecto al ideal. De esta forma los miembros (y no el coach) son capaces de identificar y tomar las decisiones adecuadas acerca de qué pasos deben dar para alcanzar ese ideal, pasando a la acción desde el compromiso y la visión compartida de todos los miembros del equipo.


Durante el proceso, los miembros de la Fundación han trabajado en el descubrimiento de acciones que fomentan la cooperación y la cohesión como equipo, mejorando la comunicación, la confianza y el liderazgo para conseguir aunar fuerzas, generar las sinergias necesarias para alinearse a los objetivos de la organización y mejorar su eficiencia.

Aunque han sido muchas las emociones que han vivido a lo largo de las sesiones grupales, quizá una de las cosas más reveladoras para ellos haya sido descubrir las fortalezas que tienen como equipo, algunas de ellas claramente visibles este último mes en su trabajo de difusión de la campaña de normalización de la tartamudez.

De todas, destacaría la valentía, ya que han demostrado un gran valor enfrentándose a sus miedos más profundos, "saliendo del armario" y exponiéndose públicamente en los medios de comunicación (les hemos visto en televisión, radio, prensa y redes sociales) con el firme propósito de conseguir sensibilizar a la población y garantizar que todas las personas que tartamudean tengan su sitio en la sociedad.

Desde mi experiencia con los miembros del equipo directivo de la Fundación Española de la Tartamudez, tengo claro que las personas que tartamudean son personas tan normales o tan peculiares como los demás, perfectamente capaces de conseguir todo lo que se propongan. Este equipo es un claro ejemplo y sus integrantes demuestran con su lucha diaria ser personas que se esfuerzan al máximo para conseguir mejorar su rendimiento, venciendo con creces cualquier obstáculo para lograr sus objetivos.


Para mí ha sido una experiencia muy gratificante poder acompañar en este proceso de desarrollo y transformación a un grupo de personas con un compromiso con la sociedad tan alto, que dedican su tiempo y esfuerzo a dirigir de forma totalmente altruista la Fundación para contribuir con ello a que este sea un mundo un poco mejor.


“Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar, pero también lo que se requiere para sentarse y escuchar”
Winston Churchil
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Auto-exigencia: ¿hasta dónde te exiges?

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¿Qué es lo que se esconde detrás de la auto-exigencia? ¿Nos beneficia o nos perjudica ser exigentes con nosotros mismos? Si lo único que pretendemos es hacer las cosas cada día mejor, sintiéndonos motivados y sin generar con ello ningún tipo de frustración, sin duda nos servirá de ayuda para transformarnos en la mejor versión de nosotros mismos. Pero ¿qué ocurre cuando se convierte en fuente de estrés y ansiedad?

El psicólogo Carl Jung sostenía que, desde muy temprana edad, los seres humanos perseguimos la perfección con el fin de conseguir la aprobación de nuestro entorno. Algunos, en la edad adulta, seguimos exigiéndonos hacerlo todo bien, sin permitirnos relajarnos lo más mínimo hasta que las cosas salen exactamente como nosotros consideramos perfectas. Trabajamos con tesón para no cometer el más mínimo error y aún así, el resultado no nos parece lo suficientemente bueno, pues siempre tenemos la falsa ilusión de que podríamos hacerlo aún mejor.

Esforzarnos y tener afán de superación nos ayuda a mejorar cada día y a potenciar nuestro crecimiento personal; pero caer en la trampa de la auto-exigencia exacerbada puede provocar en nosotros una sensación de insatisfacción permanente con todo lo que hacemos. Esta sensación impide que nos arriesguemos por miedo a fracasar y, en consecuencia, merma nuestra motivación y, por tanto, nuestras probabilidades de éxito. Al final, el camino se convierte en una eterna carrera contra nosotros mismos.

Entender que la vida es un viaje lleno de aprendizaje, de errores y aciertos, nos liberará de la pesada carga que supone intentar alcanzar permanentemente la perfección. Son abundantes los ejemplos de personas que han alcanzado el éxito en su disciplina (Walt Disney, Thomas Edison, Henry Ford o Steve Jobs entre otros) tras superar diversos “fracasos”, y entrecomillo la palabra porque creo firmemente que el fracaso no existe como tal, sino que es un ingrediente fundamental del éxito.

Sin error no sería posible el descubrimiento y, por tanto, la evolución. Al equivocarnos vamos experimentando, adquiriendo e incorporando a nuestra mochila nuevas capacidades que nos ayudarán a afrontar con mayor éxito situaciones futuras.
 
“La perfección es una pulida colección de errores” (Mario Satz)