Más que nuestros límites

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El pasado 20 de enero tuvo lugar en Valencia la presentación del Human Age Institute, un proyecto sin ánimo de lucro, nacido con el fin de ser un punto de encuentro donde debatir, investigar y profundizar en el ámbito del talento humano, para retornar a la sociedad todo lo bueno que nos ha legado.
 
La jornada de la mañana, el Talent at Work en AEDIT, se destinó a varias actividades encaminadas a facilitar a los jóvenes el paso de la universidad al mundo laboral: charlas de la mano de expertos en liderazgo y talento (Juan Carlos Cubeiro, Silvia Leal, Roberto Luna y Sandra Mata) talleres sobre marca personal y sesiones de orientación laboral, en las que compañeros de ManpowerGroup tuvimos la oportunidad de asesorar a más de 200 participantes sobre cómo potenciar su empleabilidad.
 
Por la tarde, en la Ciudad de las Artes y de las Ciencias, los mentores del Human Age Institute compartieron su visión acerca de cómo impulsar el talento en las organizaciones. En la intervención de Mario Alonso Puig, mentor del área de Liderazgo, Ciencia y Humanismo del Instituto, hubo una frase que me caló especialmente: “somos mucho más que nuestros límites”.
 
Y es que realmente somos mucho más que nuestros límites. Aunque muchas veces el estrés, el miedo, las expectativas o una baja autoestima puedan condicionarnos, en realidad, los únicos límites que impiden que consigamos nuestras metas, están en nuestra mente.
 
Por alguna razón pensamos que no somos capaces de hacer algo y cualquier problema, por pequeño que sea, se hace enorme y no podemos con él; nos volvemos incapaces de pensar con claridad o de buscar alternativas porque nuestra inteligencia y recursos están totalmente inhabilitados por nuestras propias creencias. Pensamos que no podemos, y entonces actuamos como si de verdad no pudiéramos.
 
¿Dónde se encuentran esos límites? Ponemos freno a nuestras capacidades entre la mal llamada zona de confort (ese espacio que conocemos bien, en el que estamos acostumbrados a desenvolvernos con libertad, donde, con independencia de estar más o menos satisfechos de los resultados que obtenemos, tenemos una falsa sensación de seguridad y control) y la zona desconocida (el campo de aprendizajes y experiencias). La barrera está al final de lo que tú consideras territorio seguro.
 
   Susana-Rubia-Coaching-Zona-Confort
 
Por naturaleza, evitamos exponernos a situaciones que nos incomodan o que nos generan alguna sensación negativa, interpretamos esa nueva realidad como una amenaza por tratarse de algo hasta ahora desconocido, algo a lo que no estamos acostumbrados y que nos genera incertidumbre. Es en ese momento cuando se dispara el miedo al cambio (de lo conocido a lo ignorado), nos paralizamos y no avanzamos porque evitamos por todos los medios cambiar.
 
Estamos tan acostumbrados a realizar las cosas de una determinada manera y nuestros hábitos nos hacen sentir tan cómodos que nos aterra la idea de enfrentarnos a circunstancias distintas.
 
Tememos a lo nuevo, a lo que puedan pensar los demás, tenemos miedo a hacerlo mal, a ser juzgados, a equivocarnos y eso nos lleva a quedarnos estancados y a no progresar. Impedimos que se produzca cualquier mejora cuando nos instalamos en nuestra rutina, en lo que más o menos sabemos hacer, en aquello que no supone ningún riesgo para nosotros. Con ello frenamos cualquier oportunidad de adquirir nuevos conocimientos y habilidades; en definitiva, de evolucionar.
 
Eres tú quien decide donde están tus límites. Cuanto más te arriesgas y te atreves a aprender, a experimentar, más amplías ese espacio seguro consiguiendo que tus limitaciones están cada vez más lejos del epicentro: de ti. Plantéate hacer cosas diferentes, empieza poco a poco, permítete equivocarte. Todo el mundo comete errores: sin ellos sería imposible alcanzar la excelencia.
 
Según los expertos, se necesitan 10.000 horas de práctica para poder dominar una disciplina y, hasta que eso ocurre, son incontables los errores que se cometen en el trayecto: recuerda que la práctica hace al maestro.
 
Intenta poco a poco ir expandiendo tu área de comodidad. Aunque te invada el miedo, actúa. Reflexiona sobre cómo has gestionado la nueva situación y acepta lo que venga, analiza qué has hecho bien, qué te habría gustado hacer mejor y cómo lo podrías cambiar para el siguiente intento. Sin darte cuenta, irás incorporando mejoras, actuarás cada vez con más destreza y tu nivel de miedo, ansiedad o incertidumbre será cada vez menor.
 
¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Que salga mal? No pasa nada: sigue intentándolo. Sólo tú puedes avanzar hacia el aprendizaje.
 

 

Nadie puede saber el límite de sus fuerzas hasta que las pone a prueba “ (Goethe)

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