Que nadie apague tu luz

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Susana-Rubia-emociones-negativas-coaching
Cuenta una fábula que, en cierta ocasión, una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía muy rápido y llena de miedo de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba desistir en su intento de alcanzarla. La luciérnaga pudo huir durante el primer día, pero la serpiente no desistía; dos días, y nada; al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga detuvo su agitado vuelo y le dijo a la serpiente: 

- ¿Puedo hacerte tres preguntas?
- No acostumbro conceder deseos a nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar -respondió la serpiente.
- Entonces dime: ¿pertenezco a tu cadena alimenticia?
- ¡No! - contestó la serpiente.

- ¿Yo te hice algún mal?
- ¡No! - volvió a responder su cazadora.

- Entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo?
- ¡Porque no soporto verte brillar!

 
Seguramente, como la luciérnaga de la leyenda, en alguna ocasión te hayas sentido el blanco de las críticas de alguna persona. No entiendes el motivo de sus ataques porque nunca le has hecho nada, pero esa persona te ataca con fiereza cada vez que tiene ocasión.

La explicación es muy sencilla: esa persona ve en ti un espejo donde se proyectan sus propias frustraciones y anhelos, pues observa con pesar como tú tienes algo que ella desearía tener y no es capaz de conseguir. Le recuerdas permanentemente aquello que no tiene y eso le hace focalizar en ti toda su ira. Sin tener en cuenta lo que has tenido que hacer para lograrlo, opta por el camino fácil: la crítica y el ataque. En lugar de tomar las riendas de su vida y cambiar todo aquello que le genera insatisfacción, se queja, busca culpables en los demás y se deja llevar por la envidia.

La envidia es un sentimiento propio del ser humano que aparece cuando nos comparamos con las personas de nuestro entorno, cuando estamos más pendientes de los demás que de nosotros mismos. Todos en algún momento de la vida hemos tenido este sentimiento en mayor o menor medida porque la envidia, aunque no lo creamos, cumple una función: ayudarnos a advertir aquello que nos gustaría conseguir y empujarnos a cambiar para lograrlo.

Si eres una persona con éxito, que suele conseguir normalmente lo que se propone o tienes ciertas habilidades destacadas, es inevitable que provoques esta emoción en alguna persona de tu entorno. Todos tenemos cerca alguien (un amigo, familiar o compañero de trabajo) que no consigue alcanzar sus propósitos y sufre cuando ve que tú lo haces. Del mismo modo, es inevitable que te sientas mal por sus ataques, porque les das credibilidad y te sientes, en cierta manera, responsable de su ira. Intentas buscar en tu comportamiento lo que motiva esos ataques y sientes que has hecho algo que está provocando sus críticas; pero no es así.

Simplemente, esa persona aún no ha aprendido a gestionar la envidia y se ha dejado contaminar por ella, convirtiéndose en alguien pesimista e insatisfecho a quien le cuesta ocuparse de sí mismo y que, seguramente, esté por ello en conflicto con personas de su entorno, sienta ansiedad o incluso tenga depresión. La crítica y la envidia suelen ir de la mano. Normalmente quien más critica es quien más frustrado se siente, quien soporta un mayor sufrimiento provocado por una baja confianza y un escaso nivel de compromiso con él mismo que le impide ver que él también es capaz de conseguir todo aquello que se proponga.

Puedes reinterpretar este tipo de ataques y utilizarlos como medidor de tus esfuerzos y logros. Céntrate en ti, no permitas que nadie te contamine con su toxicidad, sigue creciendo y alcanzando todo lo que te propongas; sin duda, vas por el buen camino.



“La envidia es una declaración de inferioridad.” (Napoleón Bonaparte)







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