Tú también eres líder

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El liderazgo tiene que ver con la excelencia de tu trabajo y de tu comportamiento. Se trata de realizar magníficamente tu trabajo en el puesto en que te encuentres. Se trata de estimular a cada una de las personas con las que trabajas y a las que atiendes. No hace falta tener un cargo para ser líder. (Robin Sharma)

El pasado 3 de junio Aletheia Coaching Group se vistió de gala para acompañar a Fernando Botella en la presentación de su libro “El Factor H”. El evento tuvo lugar en el Centro Empresarial de Elche con la colaboración de AESEC y Solutions Inside y la presencia de 3 grandes líderes: Juan Perán (Fundador de Pikolinos), Luis López (Director General de Musgrave) y Andrés Hernández (Profesor en varias escuelas de negocio y Coach Ejecutivo de Aletheia Coaching Group). A lo largo de la jornada, Fernando habló de liderazgo poniendo el acento en cinco grandes claves: humanidad, humildad, humor, habilidades y herramientas.
 

¿Qué es el liderazgo?


Daniel Goleman, psicólogo estadounidense experto en Inteligencia Emocional, define el liderazgo como el arte de convencer a la gente para colaborar con el fin de alcanzar un objetivo común. Es aquello que consigue resultados creando la armonía necesaria para que el equipo fluya basándose en el trabajo colectivo, utilizando circuitos de comunicación abiertos, cooperando y prestando atención sincera a los demás.

Todos somos líderes en potencia, todos podemos liderar, influir en otras personas. Tenemos capacidad para demostrar que somos líderes, con independencia de nuestra profesión, del lugar que ocupemos en el organigrama dentro de la empresa o de cuales sean nuestras circunstancias personales; porque para ser líder no hace falta un cargo, basta con hacer lo mejor y lo máximo en cada momento.

Los líderes saben perfectamente dónde van, no esperan a que otros les marquen el camino, asumen riesgos, son valientes a la hora de tomar decisiones y no necesitan el poder ni la autoridad formal para influir y motivar a los demás. Pero por encima de todo esto –y lo más importante- los grandes líderes son grandes personas que están en sintonía con los sentimientos de la gente que les rodea.

Cualidades del líder


Un buen líder es aquel que es capaz de liderarse a sí mismo para poder liderar eficazmente a los demás. Sabe aprender de la experiencia, observa el mundo que le rodea, adapta su estilo de liderazgo a cada situación y puede encontrar soluciones en épocas de crisis. A este tipo de líder le resulta sencillo transformar la realidad gracias a la confianza que deposita en las capacidades de los demás, a quienes facilita los recursos necesarios y anima para que sigan progresando.

Para Goleman, la competencia determinante capaz de predecir incluso qué individuo de un grupo de personas será mejor líder es la Inteligencia Emocional. Los principios básicos de esta hablan de la autoconciencia, la autogestión, la conciencia social y la capacidad de gestión de las relaciones como las capacidades básicas de un buen líder.

Cuando un líder tiene un nivel bajo de Inteligencia Emocional tendrá bajos resultados y una mala relación con los miembros de su equipo. En la actualidad, una de las mayores causas de abandono de una empresa es la relación con el líder directo: el 70% de las personas que dejan su puesto de trabajo dentro de una organización lo hacen por una mala relación con su jefe.
 

Tipos de liderazgo


El buen líder se siente cómodo en la incertidumbre; es equilibrado y persistente, siendo el cambio que quiere ver en los demás y sabiendo adaptar su conducta a situaciones concretas. Según esto último, hay 6 estilos diferentes de liderazgo:
 
  1. Coercitivo: el que da órdenes y espera que se obedezca. Es útil en situaciones de crisis pero en el resto de situaciones inhibe la flexibilidad y merma la motivación.
  2. Autoritario: el que establece un objetivo y presiona para que las personas le sigan. Sirve cuando la empresa va sin rumbo y necesita un cambio de dirección.
  3. Paternal: el que asume la actitud de “las personas primero”. Muy beneficioso para crear cohesión en el equipo o elevar la moral del mismo. Sin embargo, puede ser permisivo con el bajo rendimiento de los empleados o dejarles sin dirección.
  4. Democrático: el que deja que los empleados participen en la toma de decisiones. Bueno para crear flexibilidad y responsabilidad organizativa, pero puede provocar indecisión y confusión.
  5. Marcador de pautas: el que establece unos estándares de rendimiento elevados. Es bueno para que los empleados muy motivados puedan trabajar de manera independiente, aunque puede abrumar a aquellos que no alcanzan esos niveles de rendimiento tan altos.
  6. Coach: el que se centra en el desarrollo personal. Los empleados quieren cambiar y mejorar profesionalmente. No funciona si el colaborador opone resistencia al cambio.

Aunque es normal sentirse más identificado y cómodo con un estilo que con otros, si somos capaces de adaptar nuestro estilo de liderazgo a la persona y a la ocasión, seremos más eficaces como líderes. Conceder libertad a los que saben asumir la autonomía, facilitar formación a los que precisan desarrollar algunas destrezas o proporcionar dirección clara a los que necesitan una supervisión más estrecha son maneras de adaptar el estilo a las necesidades de cada miembro del equipo optimizando a la vez el desempeño del colectivo.

En definitiva, el liderazgo posibilita ver más allá de lo visible, inspirando y motivando a los demás a alcanzar resultados excelentes.
 




















Y tú, ¿qué ves en el espejo?

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"Si alguna vez te sientes mal contigo mismo, busca en lo más profundo de tu ser, date cuenta de que nadie es perfecto, tampoco tú, pero aún con todos tus defectos y cualidades, eres una persona única en el universo, por eso eres especial" Antoine de Saint-Exupéry. “El Principito”

Todos somos seres únicos y especiales pero, a veces nos cuesta tanto darnos cuenta, que no somos capaces de cuidar de nosotros mismos. Cuando nos aferramos a pensar mal de nosotros, dejando que habite en nuestro ser el sentimiento de incapacidad o el pensamiento de que no somos merecedores de que nada bueno nos pase, nos ponemos una venda en los ojos que nos impide ver nuestras capacidades y, en esas condiciones, velar por nuestros intereses y esforzarnos por alcanzar nuestros sueños se torna realmente complicado (cuando no prácticamente imposible). Compararnos con otros, no saber decir 'no', buscar permanentemente el reconocimiento de los demás, tener dificultades para tomar decisiones o temer al ridículo, son algunas de las muchas señales que indican que nuestra autoestima no está pasando por su mejor momento. A pesar de que actualmente parece estar mal visto reconocer este tipo de sentimientos (ya que la sociedad nos empuja a la búsqueda frenética la felicidad y la alegría) quien más y quien menos, no llega a quererse en su justa medida, lo que hace que su capacidad para actuar disminuya.

Autoestima


La autoestima es la confianza y el respeto por uno mismo. Que esta sea positiva o negativa dependerá de lo que hayamos recibido del entorno a lo largo de nuestra vida y de cómo hayamos interpretado esos acontecimientos (especialmente durante la infancia y la adolescencia, que es cuando arraigan los valores y creencias de identidad). Sentir que no hemos recibido lo que necesitábamos (reconocimiento, afecto, atención, cuidados, etc.) puede hacer que tengamos un concepto de nosotros mismos equivocado y que nos creamos incapaces de conseguir lo que nos proponemos o de superar las adversidades con las que nos encontramos en la vida.

Equilibrar la autoestima

Para equilibrar nuestra autoestima es necesario entender cómo somos y aceptarnos en nuestra totalidad como seres completos, con nuestras luces y nuestras sombras. Indagar en las causas que nos hacen sentir así, parándonos a pensar de dónde venimos, sin juzgar, entendiendo que nadie llega a nuestras vidas por casualidad (toda presencia nos ayuda a crecer, aunque esa persona no lo sepa), que las situaciones vividas nos enseñan las lecciones de vida que necesitamos para desarrollarnos (si nos resistimos a aprender, sufrimos; si aceptamos, fluimos), que todo pasa en el momento indicado y que si algo terminó, forma parte de nuestro aprendizaje y debemos aprender a soltarlo y a sacar la parte positiva de esa experiencia.

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Jose Antonio Marina aconseja, para fortalecer la autoestima (sin caer en el narcisismo, cuyos efectos son igual o peores que una baja autoestima) fomentar la confianza en uno mismo mejorando la seguridad básica (evitando un entorno hostil), el sentimiento de competencia (experimentando la sensación de éxito, saboreando pequeños logros) y respetándonos a nosotros mismos igual que respetamos a los demás (siendo personas asertivas).


Es preciso dejar de intentar ser alguien que no somos y aceptarnos para poder ver nuestra justa valía, activar nuestras capacidades y tener la energía suficiente para desafiar nuestros límites y reponernos ante cualquier adversidad. Entender nuestro entorno sin juzgar nos permitirá crecer y conectar con nuestra verdadera esencia y sanar nuestra autoestima para poder despertar.



"La principal tarea del hombre en la vida es darse nacimiento a sí mismo, llegar a ser lo que potencialmente es. El producto más importante de este esfuerzo es su propia personalidad" (Erich Fromm)